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Mi mayor miedo

 Cuando las pesadillas se repiten, cuando vuelven las amenazas, los insultos, los dedos señalando... Cuando se ríen de mí, de mi marido y de...

martes, 15 de octubre de 2019

De repente, ella alzó el vuelo, acariciando el cielo, susurrándose al oído el placer que le daba hacerlo. Ella odiaba mirarse al espejo, tampoco soportaba tocar su suave piel. Un día, por casualidad topó con una página sobre educación sexual de una red social llamada Instagram. Lo que un día empezó siendo una mano en el brazo, en modo de auto-abrazo, sintió ganas de acariciarse, ir pasando sus yemas por la suave piel, aquello que empezaba sabiendo a hiel, acabó siendo una brisa debajo del sostén, apretando dulcemente sus pezones, las palmas de sus manos empezaron a sudar, su entrepierna empezaba a temblar, en su interior había algo que le pedía más. A la vez que una mano acariciaba su seno, la otra iba bajando suavemente, ante su mente impaciente, sus dedos se adentraron por la cinturilla del pantalón, poco a poco fue acariciando su bello púbico... haciendo círculos; con la mente impaciente por que sus yemas llegaran a su clítoris... Fue pellizcando, haciendo círculos, movimientos envolventes de un lado a otro, que recorrían su vagina como si no hubiera mañana, ella se estaba descubriendo, sus dedos olían a sexo, ella... se puso delante de un espejo, abrió sus piernas y se deleitó con su hermosa imagen de, por primera vez en su vida verse desnuda ante un espejo... Ella... ella no podía parar. Su cuerpo pedía más, una mano en su sexo, la otra penetrando salvaje-mente su interior.
Ella alzó el vuelo, empezó a temblar, no podía parar, algo le pedía más, con una mano en su sexo... la otra acabó recorriendo su boca, lamiéndose los dedos, gritando para su adentro hizo que no pudiera parar de correrse, su cuerpo quería más, sus piernas no paraban de temblar, ella siguió y siguió hasta que na hora después su cuerpo estalló en un ensordecedor grito...
María se durmió delante del espejo. Un rato después se despertó, su cuerpo le pedía más y ahí estaba él, su novio, con una sonrisa pícara, como si en su mirada pudiera ver lo que María acababa de hacer, la agarró, la puso boca abajo, le dió unos cachetes, entre palmada y palmada él, hacía a María lamerle los dedos para después penetrarlos salvajemente en su vagina. Cuando ésta, entre risa y orgasmo ya no podía ni gemir, Andrés la puso a cuatro patas para penetrarla con su salvaje y enorme miembro viril. María se corrió una y otra vez, y cuando pensaba que ya no podría pasar nada más... Andrés se puso encima de ella para penetrarla nuevamente, mientras con una mano acariciaba los senos de María, con la otra se los metía en la boca para que ella supiera a qué sabia su sexo...
María... María, por primera vez en su vida podía disfrutar del sexo sin tener miedo.

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